1. Primer día: La espera que purifica
Esperar no es cruzarse de brazos. Esperar es permitir que Dios acomode la casa interior. Cuando un hogar se prepara para recibir a alguien importante, se ordena, se limpia, se ilumina. El Adviento es esa limpieza del alma, paso a paso, sin atropellos, con humildad. La espera en clave cristiana no es inacción; es transformación. Cuando un hogar se prepara para recibir a alguien amado, se ordena, se enciende la luz, se limpia lo descuidado. El Adviento es esa limpieza interior: reconocer lo que duele, lo que pesa, lo que debe ser sanado. Dios trabaja con paciencia, no con violencia. Esperar purifica porque nos devuelve a lo esencial y nos enseña a confiar.
“Señor, ordena Tú mi casa interior. Enséñame a esperar como quien ama”.
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