Septiembre, Mes de la Biblia: caminar a la luz de la Palabra
La Iglesia nos invita a vivir septiembre como el Mes de la Biblia, un tiempo especial para redescubrir la riqueza de la Sagrada Escritura como fuente de fe, alimento espiritual y guía en nuestra vida cotidiana.
A lo largo de este mes iremos recorriendo día a día la Palabra de Dios en compañía de santos y santas que, con su ejemplo y enseñanza, nos muestran cómo vivir iluminados por el Evangelio.
Cada jornada será una oportunidad para hacer una pequeña lectio divina: leer, meditar, orar, contemplar y poner en práctica la Palabra. Así, la Biblia se convierte en lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino (cf. Sal 119,105), acompañándonos en el crecimiento de nuestra fe y en la misión de ser discípulos misioneros.
1 de septiembre – Mes de la Biblia y Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación
“La
Palabra de Dios permanece para siempre” (1 Pe 1,25)
San Egidio, abad.
Inicio del Mes de la Biblia y Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la
Creación.
San Agustín: “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te
amé. Tú estabas dentro de mí y yo fuera.”
Lectio (leer la Palabra)
San Pedro nos recuerda que todo en este mundo es pasajero: las riquezas, las modas, los poderes… pero sólo la Palabra de Dios permanece para siempre. Ella es roca firme y segura en medio de lo cambiante de la vida.
Meditatio (meditar la Palabra)
En este inicio del mes de la Biblia, la Iglesia nos invita a volver la mirada hacia la Escritura, tesoro que nunca caduca. La Palabra es como semilla que siempre da fruto, como agua que sacia y renueva.
También hoy, en la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, comprendemos que todo lo creado pasa, pero la Palabra nos enseña a cuidar lo que Dios ha puesto en nuestras manos.
Preguntémonos: ¿dónde pongo mi confianza, en lo pasajero o en lo eterno? ¿Alimento mi fe cada día con la Biblia?
Oratio (orar con la Palabra)
Señor,
tu Palabra es eterna y verdadera.
Dame hambre de escucharla, de meditarla, de vivirla.
Que ella ilumine mi vida y me enseñe a cuidar tu creación,
como signo de gratitud y fidelidad a tu amor.
Contemplatio (contemplar y guardar en el corazón)
Hoy me quedo en silencio con esta certeza: la Palabra de Dios permanece para siempre. Todo se acaba, pero el amor de Dios expresado en su Palabra nunca muere. Esa Palabra es Cristo mismo, vivo y resucitado.
Actio (poner en práctica)
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
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