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ENE
2026

1 de enero de 2026: María, Madre de Dios y Madre de nuestra esperanza



1 de enero de 2026: María, Madre de Dios y Madre de nuestra esperanza

El primer día del año no comienza con prisas ni con balances apresurados. Comienza con María. La Iglesia, con sabiduría maternal, nos coloca al inicio del nuevo año bajo la mirada serena de La Santísima Virgen María, Madre de Dios, para recordarnos que el tiempo no se inaugura con estrategias humanas, sino con confianza filial.

María no abre el año con discursos ni promesas. Lo abre con su presencia silenciosa, con su fe firme, con su corazón que guarda y medita. Ella es Madre de Dios porque acogió al Verbo en su seno; y es Madre nuestra porque sigue acogiendo la historia, incluso cuando no entendemos del todo lo que vendrá.

En este primer día de 2026, la liturgia nos invita a contemplar a María como Madre de la esperanza. No una esperanza ingenua, sino una esperanza probada. María conoció la incertidumbre, el exilio, el dolor, la espera prolongada. Y, sin embargo, nunca dejó de confiar. Por eso es maestra para quienes comienzan un año sin tener todas las respuestas.

El Evangelio nos la presenta guardando todo en su corazón. María no controla el futuro; lo confía. No exige certezas; se abandona. Así nos enseña el modo cristiano de comenzar el año: no desde el miedo, sino desde la fe; no desde la ansiedad, sino desde la entrega confiada.

Este día también es la Jornada Mundial de la Paz. No por casualidad. La paz verdadera no nace de acuerdos frágiles ni de imposiciones de fuerza. Nace de corazones reconciliados, de familias sostenidas, de pueblos que aprenden a mirarse como hermanos. María, Madre del Príncipe de la Paz, nos recuerda que la paz comienza siempre en lo pequeño: en el hogar, en la palabra cuidada, en el perdón ofrecido, en la vida protegida.

Comenzar el año con María es poner el tiempo bajo custodia. Es decirle a Dios: “Aquí está mi año, con sus luces y sus sombras. Guárdalo Tú”. Es aprender a caminar paso a paso, sin pretender dominar lo que vendrá, pero confiando en Aquel que camina con nosotros.

Para la familia cristiana, este día es una invitación clara: consagrar el año a Dios por medio de María. Poner bajo su intercesión el trabajo, la salud, las decisiones, los proyectos, las dificultades. No para que todo sea fácil, sino para que todo sea vivido con fe.

El año nuevo se abre como una página en blanco. No está vacía: Dios ya está en ella. María ya la ha leído con el corazón. Y nos toma de la mano para enseñarnos a recorrerla con esperanza.

Que este 1 de enero de 2026 nos encuentre bajo su manto.
Que ella nos enseñe a escuchar, a confiar y a perseverar.
Que su Hijo sea el centro de nuestros días.

Porque cuando María acompaña el comienzo,
el camino se vuelve más seguro,
la paz más posible,
y la esperanza más firme.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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