VIERNES SANTO – DE LA PASIÓN DEL SEÑOR (3 de abril de 2026)
“Por sus llagas hemos sido curados” (cf. Is 53,5)
El Viernes Santo nos introduce en el corazón más profundo del misterio cristiano: la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No es un día de tristeza sin sentido, ni de derrota, sino el día en que el amor de Dios alcanza su expresión más radical, más concreta y más salvadora.
La liturgia de hoy nos presenta al Siervo sufriente del profeta Isaías (cf. Is 53,13–53,12), que carga con nuestros pecados; al Sumo Sacerdote misericordioso de la carta a los Hebreos (cf. Hb 4,14-16; 5,7-9), que se ofrece por nosotros; y la Pasión según san Juan (cf. Jn 18,1–19,42), donde Cristo, incluso en la cruz, reina desde el amor.
Aquí no contemplamos solo un hecho del pasado. Contemplamos el acontecimiento que sigue dando sentido a nuestra vida hoy.
La Cruz: donde el dolor se transforma en salvación
Isaías nos revela el misterio: el Mesías no salva desde el poder humano, sino desde la entrega total. “Fue traspasado por nuestras rebeliones… y por sus heridas hemos sido curados”.
Cristo no huye del sufrimiento, lo asume. No responde con violencia, responde con amor. No se impone, se entrega.
La cruz, que era signo de muerte, se convierte en el trono de la misericordia.
Los Padres de la Iglesia veían en la cruz el nuevo árbol de la vida: donde Adán había traído la muerte, Cristo trae la vida. San Agustín decía que “la cruz fue el púlpito desde donde Cristo enseñó el amor más grande”.
Cristo, Sumo Sacerdote que comprende nuestra vida
La carta a los Hebreos nos presenta a Jesús como el Sumo Sacerdote que ha pasado por el sufrimiento. Él conoce nuestras luchas, nuestras angustias, nuestras caídas.
No tenemos un Dios lejano. Tenemos un Dios que ha llorado, que ha sido traicionado, que ha experimentado el abandono.
Por
eso, podemos acercarnos con confianza:
nadie está solo en su dolor.
La Pasión según san Juan: Cristo reina desde la cruz
El evangelio de san Juan presenta a Jesús como Rey, incluso en la Pasión. No es una víctima pasiva: Él se entrega libremente.
Cuando dice: “Todo está cumplido”, no es un grito de derrota, sino de misión cumplida.
En la cruz, Jesús nos deja tres grandes dones:
La cruz es, en realidad, el nacimiento de una humanidad nueva.
La liturgia de hoy: un camino de adoración y comunión
Primera parte: Liturgia de la Palabra
Escuchamos la historia de nuestra salvación. No como espectadores, sino como protagonistas: Cristo muere por nosotros.
Segunda parte: Adoración de la Santa Cruz
Nos acercamos a la cruz no para llorar solamente, sino para adorar. La Iglesia nos invita a besar la cruz, a contemplarla, a reconocer en ella nuestra salvación.
La cruz no es un símbolo vacío. Es el lugar donde Dios nos amó hasta el extremo.
Tercera parte: Sagrada Comunión
Aunque no hay consagración, recibimos el Cuerpo de Cristo. Esto nos recuerda que el sacrificio de la cruz y la Eucaristía son un mismo misterio.
Comulgamos con Cristo crucificado para aprender a vivir como Él.
El Viernes Santo hoy: una palabra para nuestra vida
Hoy la cruz sigue presente:
Pero
también hoy Cristo sigue diciendo:
“No tengas miedo. Yo he vencido al mundo” (cf. Jn 16,33).
La cruz no es el final. Es el paso hacia la vida nueva.
Tres mensajes de hoy
Propósito para hoy
Detente
ante un crucifijo en silencio. Míralo con fe, entrégale tus cargas y dile:
“Señor, confío en Ti. Une mi vida a tu cruz y hazla fecunda”.
Mirar la cruz con esperanza
El Viernes Santo no termina en la oscuridad. Aunque hoy el altar está desnudo y el silencio llena el templo, sabemos que la historia no acaba aquí.
La cruz es el camino hacia la Resurrección.
Por eso, incluso hoy, en medio del silencio, la Iglesia guarda en su corazón una certeza firme: el amor ha vencido, y la vida nueva ya ha comenzado.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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