17 de febrero de 2026
Siete Santos Fundadores de la Orden de los Siervos de María
Sexta
Semana del Tiempo Ordinario
Quinto día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya
Perseverar en la Prueba y Confiar en la Providencia: Lecciones de los Siete Santos Fundadores y Jesús Nazareno de Atalaya
Hoy la Iglesia nos regala la memoria de los Orden de los Siervos de María y de sus fundadores, conocidos como los Siete Santos Fundadores. Eran laicos florentinos del siglo XIII que, movidos por una profunda devoción a la Santísima Virgen María, decidieron dejar sus comodidades, reconciliar divisiones sociales y retirarse a la oración en el Monte Senario. Desde allí nació una familia religiosa marcada por la penitencia, la vida fraterna y la contemplación del dolor de María al pie de la Cruz.
Su testimonio es profundamente actual. En un mundo fragmentado y tentado por la autosuficiencia, ellos eligieron la comunión, la pobreza evangélica y la confianza radical en Dios. No fueron héroes aislados, sino hermanos que caminaron juntos. La santidad floreció en comunidad. Ese es el primer mensaje esperanzador para nosotros hoy.
“Dichoso el que persevera en la prueba” (Santiago 1,12)
La carta del apóstol Santiago nos habla con realismo y firmeza. La vida cristiana no es ingenua. Hay pruebas. Hay tentaciones. Pero el apóstol es claro: la tentación no viene de Dios. Dios no quiere el mal; Él es fuente de todo bien.
Santiago afirma: “Todo don perfecto viene de lo alto”. Esta afirmación es profundamente teológica y pastoral. Dios no es rival de nuestra libertad; es su fundamento. No nos tiende trampas, nos educa. Por eso el Salmo proclama: “Señor, dichoso aquel a quien tú educas”.
La educación divina no es castigo, es formación. Es la pedagogía paciente del Padre que corrige para salvar. Los Padres de la Iglesia veían en esta pedagogía una medicina espiritual. San Agustín enseñaba que Dios permite la prueba para purificar el amor, no para destruirlo.
En este quinto día de la novena a Jesús Nazareno de Atalaya, contemplamos precisamente eso: un amor probado y fiel. El Nazareno no huye de la Cruz. Persevera. Y en su perseverancia nos abre el futuro.
“¿Aún no comprenden?” (Marcos 8,21)
El Evangelio presenta una escena desconcertante. Los discípulos discuten porque han olvidado el pan. Jesús los corrige: “¿Por qué discuten que no tienen pan? ¿Aún no comprenden?”
Han visto milagros. Han presenciado multiplicaciones. Y, sin embargo, el miedo vuelve. Es la fragilidad humana.
El “pan” que falta es símbolo de nuestra inseguridad constante. Aun después de experimentar la providencia de Dios, volvemos a preocuparnos como si estuviéramos solos. Jesús no los reprende con dureza; los conduce a la memoria: “¿Cuántas canastas recogieron?” Les hace recordar la abundancia.
La fe madura cuando aprende a recordar. La memoria agradecida vence la angustia.
Hoy el Señor también nos pregunta: ¿Aún no comprendes que Yo estoy contigo? ¿Aún dudas de mi providencia?
Los Siervos de María: una espiritualidad para hoy
Los fundadores servitas comprendieron que el camino cristiano pasa por la contemplación de María junto a la Cruz. Su carisma se centra en acompañar el dolor humano desde la esperanza pascual.
María no es derrota. Es fidelidad. Es firmeza silenciosa. Es esperanza cuando todo parece oscuro.
En nuestra parroquia, al vivir esta novena a Jesús Nazareno de Atalaya, estamos llamados a esa misma actitud: permanecer. No huir ante las pruebas familiares, sociales o personales. Perseverar en la fe. Construir comunidad.
La Iglesia, en su Magisterio, nos recuerda que la santidad es posible en cualquier estado de vida cuando se vive en comunión y obediencia amorosa a Dios. La experiencia de los siete fundadores demuestra que el Evangelio transforma la historia cuando hombres y mujeres deciden tomárselo en serio.
Claves pastorales para nuestro tiempo
Primero, reconocer que la tentación no define nuestra identidad. Somos hijos, no esclavos del miedo.
Segundo, cultivar la memoria agradecida: recordar los milagros que el Señor ya ha hecho en nuestra vida parroquial, en nuestras familias, en nuestra historia personal.
Tercero, caminar en comunidad. La fe aislada se debilita; la fe compartida se fortalece.
Cuarto, mirar el futuro con esperanza. La perseverancia no es resignación, es confianza activa.
Pensar que Dios nunca nos tienta al mal, sino que nos sostiene en la prueba; sentir gratitud por los dones recibidos y confianza serena ante las dificultades; actuar perseverando en la oración, participando fielmente en la Eucaristía y viviendo esta novena con compromiso concreto de conversión y caridad fraterna.
Que los Siete Santos Fundadores intercedan por nuestra parroquia, que la Santísima Virgen María nos enseñe a permanecer firmes junto a la Cruz y que Jesús Nazareno de Atalaya fortalezca nuestra esperanza para el futuro.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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