Lecciones prácticas del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40, Evangelio según San Juan 6,44-51. Jueves de la Tercera semana de Pascua
1. La obediencia al Espíritu Santo: Felipe fue guiado por el Espíritu Santo para encontrarse con el eunuco. Esta historia nos enseña la importancia de estar sensibles y obedientes a la dirección del Espíritu en nuestras vidas.
2. La disposición para compartir el Evangelio: Felipe no dudó en compartir el mensaje de Jesús con el eunuco, incluso cuando este último estaba ocupado leyendo las Escrituras. Nos muestra la importancia de estar preparados para compartir nuestra fe en cualquier momento y lugar.
3. La importancia de la comprensión: El eunuco estaba leyendo las Escrituras pero no las entendía completamente. Felipe le ayudó a entender el pasaje que estaba leyendo y cómo se relacionaba con Jesús. Es crucial que no solo leamos las Escrituras, sino que también las comprendamos y apliquemos en nuestra vida diaria.
4. La inclusión en el Reino de Dios: A pesar de que el eunuco era extranjero y eunuco (lo que implicaba que no podía entrar en el templo según la ley judía), Felipe lo bautizó, demostrando que el Evangelio es para todos, sin importar su origen étnico, género o situación social.
5. La importancia del discipulado: Después de que el eunuco fue bautizado, Felipe no lo abandonó, sino que continuó enseñándole y discipulándolo. Esto destaca la importancia de acompañar a los nuevos creyentes en su crecimiento espiritual.
Este pasaje nos muestra la importancia de estar guiados por el Espíritu Santo, estar dispuestos a compartir el Evangelio, comprender las Escrituras, incluir a todos en el Reino de Dios y practicar el discipulado. Estas lecciones son relevantes para nuestra vida cristiana hoy en día, especialmente durante la temporada de Pascua, cuando recordamos la resurrección de Jesús y su llamado a compartir las buenas nuevas con el mundo.
Evangelio según San Juan 6,44-51
1. La gracia de Dios y la respuesta humana: Jesús enseña que nadie puede venir a Él a menos que el Padre lo atraiga. Esto nos recuerda que la fe en Dios es un regalo de su gracia, pero también requiere una respuesta activa de nuestra parte. Debemos estar abiertos y receptivos a la gracia de Dios que nos llama a la fe.
2. Jesús como el pan de vida: Jesús se identifica a sí mismo como el pan de vida que da vida eterna. Esta declaración enfatiza la importancia central de Jesús en nuestra vida espiritual. Él es nuestra fuente de vida y nutrición espiritual, y debemos buscar nuestra satisfacción y plenitud en Él.
3. La importancia de creer en Jesús: Jesús dice que aquellos que creen en Él tienen vida eterna. La fe en Jesús como el Hijo de Dios y el Salvador es fundamental para nuestra salvación y vida espiritual. Es crucial confiar en Él y seguirlo de cerca en nuestra vida diaria.
4. La promesa de la resurrección: Jesús promete que aquellos que comen su carne y beben su sangre tendrán vida eterna y resucitarán en el último día. Esta declaración anticipa su sacrificio en la cruz y la institución de la Eucaristía, donde los creyentes participan en su cuerpo y sangre. Nos recuerda la esperanza de la resurrección y la vida eterna que tenemos en Cristo.
5. La importancia de alimentarse espiritualmente: Jesús compara comer su carne y beber su sangre con alimentarse espiritualmente. Al igual que necesitamos alimento físico para mantenernos vivos y saludables, también necesitamos nutrirnos espiritualmente de Jesús para tener vida abundante y eterna.
Este pasaje nos desafía a responder a la gracia de Dios con fe en Jesús como el pan de vida, a creer en Él para la vida eterna, a participar en la Eucaristía como un medio de comunión con Él y a buscar nutrirnos espiritualmente de su palabra y presencia en nuestras vidas. Estas lecciones son fundamentales para nuestra vida cristiana y son especialmente relevantes durante la temporada de Pascua, cuando celebramos la resurrección de Jesús y su victoria sobre el pecado y la muerte.
Jesús es el pan de la vida, nuestra vida, y lo recibo en la Eucaristía, en la santa comunión donde el pan y el vino luego de la consagración del sacerdote, por medio de la transubstanciación se convierte en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, el cielo baja a la tierra y se hace presente con su cuerpo, su sangre su alma y su divinidad sobre el altar y sobre todos los altares del mundo y permanece en cada sagrario.
Al comulgar, le recibo, Jesús entra en mí, yo entro en Jesús, para permanecer en Él y dar frutos abundantes. Reconocemos que sin Jesús nada podemos hacer. Permanecer en Él me asegura la vida eterna, es su verdadera carne que se nos da para que el mundo tenga vida. Solo tendré vida si permanezco unido a Él. Jesús es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, es la Paz y la plenitud de la vida. Mi seguridad, el rostro visible de Dios invisible. El Amor hecho carne. La Palabra de Dios para la salvación y redención de toda la humanidad.
Yo Soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan vivirá para siempre. Jn 6, 51.

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