La Divina Misericordia: corazón del Evangelio y esperanza para el mundo
La devoción a la Divina Misericordia no es una práctica secundaria en la vida cristiana. Es, en realidad, una síntesis del Evangelio: Dios que sale al encuentro del hombre pecador, no para condenarlo, sino para salvarlo.
En un mundo marcado por el pecado, la violencia y la desesperanza, la Divina Misericordia se presenta como la respuesta más profunda del corazón de Dios. Como enseña la Iglesia, la misericordia no es debilidad, sino la forma más alta del amor.
Santa Faustina Kowalska: apóstol de la Misericordia
La Divina Misericordia fue revelada de modo especial a través de Santa Faustina Kowalska (1905–1938), una humilde religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.
En su Diario espiritual, ella recoge las palabras de Jesús, quien le manifestó:
“La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a Mi misericordia.”
Jesús le pidió difundir esta devoción a través de cinco medios concretos:
Todo esto tiene un centro: confiar plenamente en Dios y practicar la misericordia con el prójimo.
La Imagen de la Divina Misericordia
La imagen que Jesús pidió a Santa Faustina representa a Cristo Resucitado, con dos rayos que brotan de su corazón:
Y al pie, una frase que resume toda la espiritualidad cristiana:
“Jesús, en Ti confío.”
Esta no es una simple imagen devocional. Es un llamado a vivir en abandono confiado, incluso en medio del sufrimiento.
Las Promesas de Jesús a los devotos
Jesús hizo promesas muy concretas a quienes vivan esta devoción con fe sincera:
Particularmente, sobre la Coronilla:
“A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente en la hora de la muerte.”
Y sobre la fiesta:
“El alma que se confiese y comulgue obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas.”
La Novena a la Divina Misericordia
La novena comienza el Viernes Santo y culmina el Domingo de la Misericordia.
Cada día tiene una intención particular (por ejemplo):
Se reza la Coronilla, uniendo cada intención al Corazón misericordioso de Cristo.
La Fiesta de la Divina Misericordia
La fiesta fue instituida oficialmente por San Juan Pablo II en el año 2000, el segundo domingo de Pascua.
Ese día la Iglesia ofrece una gracia extraordinaria:
El fruto es una gracia semejante a un nuevo bautismo espiritual: remisión total de culpas y penas.
La Hora de la Misericordia (3:00 p.m.)
Jesús pidió recordar la hora de su muerte:
“A las tres de la tarde implora Mi misericordia…”
Es un momento privilegiado para:
Una llamada urgente para hoy
La Divina Misericordia no es una devoción más. Es una misión.
Hoy el mundo necesita:
Cristo no se cansa de perdonar. El problema es que el hombre se cansa de pedir perdón.
Pensar, sentir y actuar
Creer en la Divina Misericordia es reconocer que no estamos perdidos, que siempre hay camino de regreso; es dejarnos amar por Dios tal como somos, pero no quedarnos igual; es decidir vivir perdonando, sirviendo y confiando, incluso cuando no entendemos.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
Jesús Misericordioso confío en ti Señor me alegra mucho que te encuentres conmigo en mis tribulaciones Amén
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