Invocación al Espíritu Santo:
Ven Espíritu Santo,
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través de su Hijo Jesús, el Cristo.
Que tu Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en nosotros.
-Amén-
Evangelio del Domingo XXXII del tiempo ordinario, Mateo 25, 1-13
Estén, pues, preparados , porque no saben ni el día ni la hora.
Hermanos:
El evangelio de este domingo nos invita a reflexionar sobre la vigilancia y la preparación. Jesús nos narra la parábola de las diez jóvenes que salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y no llevaron suficiente aceite para sus lámparas, mientras que las otras cinco fueron previsoras y llevaron aceite de reserva. Cuando llegó el esposo, las jóvenes descuidadas se habían quedado sin aceite y mientras fueron a comprar más, se cerró la puerta del banquete de bodas.
Esta parábola encierra una gran enseñanza para nuestra vida cristiana. El aceite representa nuestras buenas obras y preparación espiritual. No basta con tener fe y ser bautizados, sino que debemos mantener nuestra lámpara encendida con buenas obras, oración constante y participación en los sacramentos. No sabemos ni el día ni la hora en que el Señor vendrá; por eso, debemos estar siempre vigilantes y preparados.
A nivel personal, esto significa examinar regularmente nuestra conciencia, acudir al sacramento de la Reconciliación y nutrir nuestra alma con la Sagrada Eucaristía y la Palabra de Dios. A nivel familiar, debemos transmitir la fe a nuestros hijos con el ejemplo, la oración en común y la formación cristiana. A nivel social, estamos llamados a ser luz de Cristo allá donde nos encontremos, con obras de misericordia y un testimonio coherente de vida.
Que María Santísima, la Virgen prudente por excelencia, nos ayude a mantener nuestras lámparas encendidas en todo momento para recibir a su Hijo cuando venga. Perseveremos en la esperanza gozosa de su retorno.
Que Dios los bendiga,
P. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
Estén, pues, preparados , porque no saben ni el día ni la hora.
Gracias, que hermoso evangelio. Si hubiera tenido su corazón lleno de amor de espíritu, podían encender con su propia luz ese lugar. Porque todos somos un fragmento del ser Padre y el la luz del mundo. Cada uno brilla según su fe.
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