27
ABR
2026

El corazón abierto del Buen Pastor y la Iglesia que aprende a acoger



Lunes 27 de abril de 2026

Cuarta Semana de Pascua
Memoria de Santa Zita

Lecturas del día

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 11, 1-18
Salmo responsorial: Salmo 42 y 43
“Estoy sediento del Dios que da la vida. Aleluya.”
Evangelio: San Juan 10, 11-18

El corazón abierto del Buen Pastor y la Iglesia que aprende a acoger

En el corazón de la Pascua, la Palabra de Dios nos sitúa ante una verdad exigente y profundamente esperanzadora: Cristo resucitado no solo nos salva, sino que ensancha nuestro corazón para aprender a amar como Él ama.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta una escena que podría parecer conflictiva: Pedro es cuestionado por haber entrado en casa de paganos. Para la mentalidad judía de su tiempo, aquello era impensable. Sin embargo, Pedro no responde desde la rigidez, sino desde la experiencia viva de Dios: “¿Quién soy yo para oponerme a Dios?” (Hch 11,17).

Este momento marca un giro decisivo: la Iglesia comprende que la salvación no es privilegio de unos pocos, sino don universal. El Espíritu Santo rompe las barreras, purifica los prejuicios y abre caminos nuevos. Aquí está la Pascua actuando en la historia: Dios hace nuevas todas las cosas, también nuestro modo de mirar a los demás.

El salmista, por su parte, nos recuerda la actitud interior que sostiene este proceso: “Estoy sediento del Dios que da la vida.” Solo quien reconoce su sed puede dejarse llenar. Solo quien se sabe necesitado puede acoger la gracia.

En el Evangelio, Cristo se presenta con palabras que tocan lo más profundo del alma: “Yo soy el Buen Pastor.” No es una imagen decorativa, es una revelación. Jesús no dirige desde lejos; Él camina delante, conoce, cuida, protege y da la vida. Su autoridad no se basa en el poder, sino en el amor entregado.

El Buen Pastor no selecciona ovejas perfectas. Sale en busca de las que están heridas, cansadas o perdidas. Y no solo las busca: las carga sobre sus hombros. Aquí está el corazón del Evangelio.

A la luz de la Tradición y el Magisterio

La Iglesia ha contemplado siempre esta imagen del Buen Pastor como el modelo de toda vida cristiana. Padres de la Iglesia como San Gregorio Magno enseñaban que quien ha sido tocado por el amor de Cristo no puede vivir para sí mismo, sino que está llamado a cuidar de los demás con caridad concreta.

El Magisterio insiste en que la Iglesia es madre que acoge, no aduana que excluye. La experiencia de Pedro en los Hechos es paradigmática: cuando Dios actúa, el discípulo debe aprender a reconocer, discernir y obedecer, incluso cuando eso implique salir de la propia comodidad.

Santa Zita: la santidad de lo cotidiano

En este día contemplamos la vida de Santa Zita, mujer sencilla del siglo XIII, que vivió la grandeza del Evangelio en lo pequeño. No predicó en grandes plazas, no escribió tratados, pero amó con fidelidad en lo ordinario.

Su vida nos recuerda algo esencial: el Buen Pastor se deja encontrar también en la cocina, en el trabajo, en el servicio escondido. La santidad no está reservada a momentos extraordinarios, sino que se construye día a día con amor fiel.

Santa Zita es testimonio de que la Pascua transforma la vida concreta: convierte lo cotidiano en camino de cielo.

Tres mensajes de hoy

1. Dios siempre va más allá de nuestros límites.
No podemos encerrar su gracia. Él actúa donde quiere y como quiere. Nuestra tarea es reconocer su obra con humildad.

2. Cristo es el Pastor que da la vida, no que se sirve de los demás.
Su autoridad es amor. Seguirlo implica aprender a amar de la misma manera.

3. La sed de Dios es el inicio de una vida nueva.
Quien busca sinceramente a Dios, ya está siendo transformado por Él.

Propósito para hoy

Hacer un ejercicio concreto de apertura del corazón:
acercarse a alguien que normalmente se evita, escuchar sin juzgar y ofrecer un gesto sincero de caridad.

Pensar, sentir y actuar

Pensar que Dios está actuando más allá de lo que comprendemos y que su amor no conoce fronteras; sentir la alegría de ser conocidos y amados personalmente por Cristo, el Buen Pastor; y actuar abriendo el corazón, acogiendo sin prejuicios y sirviendo con humildad en lo cotidiano, como Santa Zita, dejando que la Pascua transforme nuestras relaciones y nuestra manera de vivir.


Este día no es uno más. Es una oportunidad concreta para dejarse encontrar por Cristo, permitir que Él cargue nuestras heridas y aprender, con paciencia, a mirar a los demás con los ojos del Buen Pastor.

Porque cuando el corazón se abre a Dios, la vida cambia… y comienza verdaderamente a dar fruto para la eternidad.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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